Cultura Organizacional, una mirada desde la Ontología

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“Había una vez una persona que viajaba en su automóvil para algún lugar y estaba tan preocupada por llegar, que se quedó varada por falta de gasolina…”

Esta fue una corta historia que un día me compartió un amigo, inmediatamente la registré en mi memoria como una especie de metáfora para abordar uno de los constructos que hasta la fecha sigue siendo un tema profundo y con diversas interpretaciones, la “Cultura Organizacional”.

Existen amplios soportes literarios que intentan esclarecer su significado, y concluí que la mayoría resaltan la importancia que tienen los valores, las creencias, los hábitos, las actitudes, las experiencias, el simbolismo, los objetivos, y todo aquello que les permita a las empresas ser únicas y marcar la diferencia. Debo resaltar la importante función que representa cada uno de estos constructos para poder comprender y aterrizar lo que conocemos como cultura organizacional.

No obstante, considero pertinente retomar la metáfora con la que iniciamos, que para este caso la cultura organizacional simbólicamente estará representada por el automóvil, a través del cual las personas pueden llegar a cumplir sus propósitos individuales, colectivos y organizacionales; y la gasolina, será todo aquello que la empresa le suministra al conductor para que se pueda mover dentro y fuera del vehículo, para cumplir con sus objetivos y los de la empresa. Desde mi propio devenir, observo que la gasolina que algunas empresas le proveen al conductor es de baja calidad, mientras que, en otras empresas, proveen la de más alta calidad.

Pero ¿de qué depende la calidad de la gasolina?… Después de diversas experiencias reales con empresas, y a partir de profundizar e interiorizar la disciplina de la ontología del lenguaje, comprendí que la cultura organizacional es interpretada desde muchos lugares internos de cada persona, y que en su mayoría es percibida como un tema abstracto, que tiene vacíos y brechas que pueden ser abordadas si el foco de atención inicia observando las actitudes y las reacciones que manifiestan cotidianamente las personas que conforman la cultura, puesto que cada una de ellas son las que a través de sus comportamientos, permiten que el automóvil esté en movimiento o inmovilizado.

Para poder gestionar y proveer este preciado combustible es necesario implementar estrategias en donde se promuevan espacios para consensuar y aterrizar tres supuestos que para un plausible número de empresas pueden ser percibidos como algo que no necesita mayor explicación.

  1. El concepto de “Seres Humanos”.
  2. El concepto de “Cultura Organizacional”.
  3. El concepto de “Empresa”.

 

Desde una mirada ontológica, hablar del “ser humano” debería ser el punto de partida, dado que el concepto de cultura y empresa, se justifican y se apoyan en los actos de las personas. Cada colaborador que hace parte de una empresa tiene preestablecida su propia cultura que en algunos casos colisiona en un determinado momento con la cultura organizacional.  

Por consiguiente y desde la ontología del lenguaje las empresas son interpretadas como un conjunto de redes lingüísticas, es decir de humanos para servir a otros humanos, a través de sus propias interpretaciones sobre lo que ellos observan, sienten y actúan en su cotidianidad laboral. Así que, particularmente pienso que en la mayoría de las culturas organizacionales hay un “iceberg”, que separa bruscamente lo que interpretamos como “Cultura Organizacional” en función de los resultados, versus los comportamientos de cada una de las personas, y para que una cultura empresarial tenga identidad propia y diferenciadora, es importante inclinar la mirada hacia cada uno sus integrantes, o por o lo menos a quienes piensen y sientan que no encajan dentro de la cultura de la empresa.

En otros términos, es importante que las empresas integren en su caja de herramientas una más, y que esta sea adoptada, no como la panacea a los conflictos que se presenta en la cotidianidad cultural, sino como otro instrumento que se suma al orquestado de constructos que contribuyen en la comprensión del ser, ese ser que es el que les da vida a las empresas y las lleva a la cúspide del éxito, o al fondo del fracaso.

Las preguntas de este texto son: (Comparto las que me surgen cada vez de que visito una empresa o cuando veo mi propia empresa llamada vida).

  1. Examinar la estructura Organizacional. ¿Cómo hacemos lo que hacemos y para que lo hacemos?
  2. Revisar los procesos estratégicos. ¿Cómo es la gestión del conocimiento?
  3. Detallar el proceso de comunicación Organizacional. ¿Cómo son las conversaciones al interior y al exterior de las empresas?
  4. Revisar los procesos de aprendizaje. ¿Cómo gestionan e interiorizan las personas el aprendizaje individual y colectivo?  
  5. Caracterizar los diversos estilos de liderazgo. ¿Cuáles son los actos lingüísticos más representativos de los líderes? y ¿cuáles son sus propósitos?
  6. Conectar a los equipos multigeneracionales e interculturales.  ¿Cuál es mi propósito dentro de un equipo?
  7. Identificar las competencias conversacionales más representativas de la empresa. ¿Qué interpretan las personas como competencias conversacionales? ¿Para que las personas intercambian sus conversaciones?  

¿Buscas asesoría? Encuéntrala aquí en ConTrato Humano.

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Líderes que Inspiran y Transpiran

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Existe una amplia diversidad de conceptos de liderazgo que tienen sus propios paradigmas; personalmente, me conecto con los que persisten y promueven las relaciones humanas, entendidas como la importancia de tratar a las personas con su legitimidad de valores, y sus capacidades intrínsecas. No obstante, la inherencia del ser humano tiene necesidades de auto realización, auto desarrollo, auto aceptación, auto crecimiento, y todos los autos que cada persona considere significativos para su conservación. Desde esta concepción, las empresas vienen examinando y consumando diferentes estrategias de Liderazgo, con el fin de suplir las necesidades que los empleados tienen. Sin embargo, este “modus operandi” presenta nuevos desafíos que requieren un repensar crítico sobre la nueva realidad cultural, que atraviesan las empresas con el surgimiento de los nuevos paradigmas interculturales, multigeneracionales, existenciales, tecnológicos, y de consumo, que desafían a los líderes a revisar los esquemas actuales, y si es necesario, a renovarlos o extinguirlos, y dar paso a nuevos modelos que incluyan un enfoque holístico, centrado en principios que fomenten una propuesta incluyente y flexible, para atender las nuevas expectativas y realidades que surgen del nuevo capital humano multigeneracional, que hoy conforma los equipos en las empresas.

Hablar de un estilo de liderazgo particularmente centrado en principios se lo debemos a Stephen Covey, autor del libro “Liderazgo Centrado en Principios”, debo resaltar que no había leído este valioso material y cuando lo hice, lo primero que se activó en mi memoria fueron los recuerdos de las personas con las que me he relacionado, algunas no tienen un rol de liderazgo en ninguna empresa, otras sí, y otras están a puertas de tenerlo. El punto es que, me asombré de la grandeza que poseen estas personas y que, hace parte de la esencia de sus principios. Aunque debo señalar que es una minoría, y me gustaría que este indicador se acrecentara, ya que, en las familias, en las empresas, y en la sociedad, cada día aparecen nuevas necesidades que requieren ser atendidas con nuevos mapas de pensamiento y de corazón.

Me siento honrada y privilegiada de cruzarme con personas que se esmeran por gestionar sus miedos, sus limitaciones, sus egos y de vivir con plenitud lo que les da sentido a sus vidas. Con hechos palpables, estas personas me inspiraron a reconocer que no existe un liderazgo estático, excelente, con recetas mágicas e inmodificables, más bien lo que he logrado identificar, es que la capacidad de explorar, reflexionar, y modificar mis patrones de pensamiento (esto último fue como un “insight” que me permitió comprender que liderar es mucho más que persuadir, influenciar y tener seguidores que hagan lo que se quiere), son simplemente habilidades que se pueden aprender, reaprender y desarrollar con una práctica repetitiva.

Lo que hoy exalto en estos líderes, es que son personas que se caracterizan por ser auténticas y que, como consecuencia de ello promueven un ambiente de confianza, que transpiran a través de sus invaluables prácticas de conversación, su gracia de servicio, su interés por la inclusión, y por colocar en la balanza el ayer, el hoy y el mañana, para así ágilmente ajustar sus visiones en prácticas que amerites cada momento. Otro aspecto que enriquece a estas personas es la capacidad de liderar desde la flexibilidad, comprendida esta como la capacidad de romper o ajustar rápidamente sus paradigmas, y aterrizarlos a las veloces y sorpresivas situaciones que se presentan en el hoy y en el ahora.

 

Desde una mirada ontológica, hablar del “ser humano” debería ser el punto de partida, dado que el concepto de cultura y empresa, se justifican y se apoyan en los actos de las personas. Cada colaborador que hace parte de una empresa tiene preestablecida su propia cultura que en algunos casos colisiona en un determinado momento con la cultura organizacional.  

Por consiguiente y desde la ontología del lenguaje las empresas son interpretadas como un conjunto de redes lingüísticas, es decir de humanos para servir a otros humanos, a través de sus propias interpretaciones sobre lo que ellos observan, sienten y actúan en su cotidianidad laboral. Así que, particularmente pienso que en la mayoría de las culturas organizacionales hay un “iceberg”, que separa bruscamente lo que interpretamos como “Cultura Organizacional” en función de los resultados, versus los comportamientos de cada una de las personas, y para que una cultura empresarial tenga identidad propia y diferenciadora, es importante inclinar la mirada hacia cada uno sus integrantes, o por o lo menos a quienes piensen y sientan que no encajan dentro de la cultura de la empresa.

En otros términos, es importante que las empresas integren en su caja de herramientas una más, y que esta sea adoptada, no como la panacea a los conflictos que se presenta en la cotidianidad cultural, sino como otro instrumento que se suma al orquestado de constructos que contribuyen en la comprensión del ser, ese ser que es el que les da vida a las empresas y las lleva a la cúspide del éxito, o al fondo del fracaso.

Las preguntas de este texto son: (Comparto las que me surgen cada vez de que visito una empresa o cuando veo mi propia empresa llamada vida).

  1. Examinar la estructura Organizacional. ¿Cómo hacemos lo que hacemos y para que lo hacemos?
  2. Revisar los procesos estratégicos. ¿Cómo es la gestión del conocimiento?
  3. Detallar el proceso de comunicación Organizacional. ¿Cómo son las conversaciones al interior y al exterior de las empresas?
  4. Revisar los procesos de aprendizaje. ¿Cómo gestionan e interiorizan las personas el aprendizaje individual y colectivo?  
  5. Caracterizar los diversos estilos de liderazgo. ¿Cuáles son los actos lingüísticos más representativos de los líderes? y ¿cuáles son sus propósitos?
  6. Conectar a los equipos multigeneracionales e interculturales.  ¿Cuál es mi propósito dentro de un equipo?
  7. Identificar las competencias conversacionales más representativas de la empresa. ¿Qué interpretan las personas como competencias conversacionales? ¿Para que las personas intercambian sus conversaciones?  

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Por estos días algunas personas me han preguntado cuál o cuáles son los desafíos a los que se enfrentan las empresas en materia de selección de personal y gestión del área de talento humano.

Quiero compartir siete “desafíos”, que considero deben ser atendidos con prontitud, porque pienso que sus efectos son los que nos llaman a tomar decisiones aterrizadas a la realidad, una realidad que se construye y se reconstruye continuamente, y es muy importante estar preparados para futuras crisis.

1. Dinamismo, creatividad y claridad en el lenguaje en redes sociales: Transformar el lenguaje tradicional que se utiliza para publicar ofertas de trabajo y convertirlo en una propuesta de valor.

2. Diversidad de Inclusión: Enfocada en los actos lingüísticos críticos que requiere cada empresa, más que en las características sociodemográficas.

3. Employer Branding: Generar espacios en donde los empleados se vuelvan embajadores y testimonien sus experiencias paras los nuevos candidatos.

4. Análisis de datos: Aprovechar toda la información interna de las empresas para facilitar la recepción de las nuevas candidaturas. En este sentido la Cultura Organizacional es la protagonista.

5. Avivar el aprendizaje: Producir y reproducir el aprendizaje a través de diferentes medios de comunicación y que movilice los actos blandos y técnicos requeridos específicamente para la organización, para el área y para el puesto de trabajo

6. Establecer formalmente un área de investigación: Al interior y al exterior de las organizaciones se vienen dando cambios sorpresivos que ameritan un abordaje consciente de la realidad cultural, económica, tecnológica y proyectiva de cada empresa. El acto de explorar estas variables con anticipación facilita lo que se puede presentar.  

7. Capitalizar al Talento Humano: Crear estrategias que permitan comprender la diversidad de necesidades, expectativas y proyecciones de los equipos y su cultura Multigeneracional.

 

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Desafíos a los que se enfrentan los empresarios hoy en día

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Quiero compartir con las empresas, especialmente a sus representantes, líderes de procesos, al área de gestión humana y a todos sus coequiperos, cinco acciones que vienen haciendo parte de la cotidianidad laboral, pero que hoy se convierten en los desafíos más grandes que enfrentan las empresas, y que desde mi interpretación no se deberían tener como acciones posteriores a la actual situación, al contrario, ya se deben estar interiorizando y movilizando en las empresas.

1. Enfocar el desarrollo organizacional en el marco cultural de las empresas, comprendidas estas como sistemas de comportamientos lingüísticos.

2. Presidir de estilos de liderazgos transformacionales centrados en principios y relaciones humanas.

3. Reorientar y dinamizar el direccionamiento estratégico en la realidad del hoy y del ahora.

4. Explorar las políticas de gestión humana y el impacto que tiene en los comportamientos de los equipos interculturales y generacionales de la nueva década.

5. Preservar y fortalecer las competencias transversales.

Es tiempo de considerar el contenido del observador y de unirnos para apoyarnos desde la empatía y el respeto por la diversidad.

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Confrontando el rol del Entrevistador y del Entrevistado

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 Algunas publicaciones de LinkedIn que he observado me llevaron a confrontar mi rol de entrevistadora en proceso de selección, pero también de entrevistada, y lo único que puedo expresar es que, en el momento de la entrevista ambas personas estamos fluyendo desde nuestras interpretaciones, ya que es un acto lingüístico inherente a nuestra naturaleza.

Creo que es el momento de darle un giro relevante a este importante proceso y generar nuevas conexiones en donde nos veamos como lo que somos, seres frágiles, con necesidades, expectativas, intereses, ambiciones y perspectivas diferentes. Basta de auto etiquetarnos y que nos etiqueten como buenos, malos, aptos, no aptos, competentes, idóneos, cualificados, y todos los rótulos que nos alejan o nos acercan de llevar a cabo una buena entrevista, donde al final nos sintamos tranquilos de no afectar al otro. Pensemos por un instante que hoy podemos estar en la silla de entrevistadores y al día siguiente en la del candidato.

Consejos para un/a entrevistador/a:

  1. Ser ecuánime (no gestionar prejuicios).
  2. Escuchar el silencio o el ruido del otro (Tranquilizar las conversaciones privadas, consciencia plena)
  3. Estimular una conversación dinámica (Saber precisar las preguntas, evitando preguntas inductivas).

Consejos para un/a entrevistado/a:

  1. Generar un espacio de empatía (Gestionar emociones).
  2. Respetar la legitimidad del otro (Autoconocimiento).
  3. Emitir únicamente afirmaciones o declaraciones aterrizadas a la realidad de ese momento (Acto lingüístico sincero, responsable y generoso).

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Un perfil referente de la Oferta Laboral en Colombia

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En desarrollo de nuestras labores de consultores en talento humano, acompañamos tanto a los candidatos que esperan vincularse a una organización empresarial, como a las empresas que buscan a los mejores talentos que puedan hacer match con su cultura organizacional, para vincularlos y con ello lograr los mejores resultados. Es por eso que como un valor agregado para facilitar la toma de decisiones de unos y otros, hemos realizado una investigación de escritorio que busca identificar un poco el perfil de la oferta laboral que más se está moviendo en el país. 

Es así como en el inicio del segundo semestre del presente año, rastreamos las convocatorias que publican los diferentes empresarios a través de canales como LinkedIn (74%), Computrabajo (20%), ElEmpleo.com (5%) y Facebook (1%), y con la técnica de un muestreo No Probabilístico construimos una base de datos con 509 ofertas, de las cuales el 79,8% están en Bogotá, el 7,7% en Medellín, y las hay también de Cali, Popayán, Barranquilla, Pereira, Funza y Buga, entre otros, cuyos resultados más destacados comparto en las siguientes líneas.

Por tipo de cargo, el nivel o requerimiento más frecuente, es el de Profesional (44,6%), seguido de Gerentes o Jefes de Proceso (19,6%) y Coordinadores (16%). Un 73% de las convocatorias requerían Pregrado, mientras que un 16%, además pedían posgrado; el 11% restante básicamente buscaban Técnicos o Tecnólogos. La profesión explícitamente más demandada en la muestra analizada fue la de Administración de Empresas (18,6%), seguida por la Ingeniería Industrial (13,1%), Ingeniería de Sistemas (9,7%) y Administración Financiera o Finanzas (8,7%). Con porcentajes entre el 3% y el 5% se hallaron Ingeniería de Telecomunicaciones, Ingeniería Electrónica, Contaduría, Comercio Exterior, Publicidad y Mercadeo, Psicología, Economía y Logística.

Otras profesiones se encuentran con participaciones inferiores. En cuanto al rango salarial, la mayor porción de ofertas se mueve en el intervalo de más de COP$2 y hasta $4 millones (31,1%). Un 22,6% de la muestra oferta más de $4 y hasta $6 millones, mientras que un 18,2% corresponde a salarios inferiores a $2 millones. Salarios superiores a $10 millones representaron un 12,7% de la muestra, mientras que los rangos porcentualmente inferiores fueron más de $6 y hasta $8 millones, con el 10,1%, y más de $8 y hasta $10 millones, con el 5,3%. En lo que hace referencia a la experiencia laboral, un 50,3% de las convocatorias pedían más de un año y menos de 3, mientras que un 16,8% requerían menos de un año. La porción inferior de esta distribución estaba en las ofertas que requerían más de 9 años de experiencia, que fueron el 2,4% de ellas.

También hicimos una medición del tipo de contrato que eran ofrecidos en las diferentes convocatorias publicadas, aunque apenas una cuarta parte de ellas lo hizo explícito. Al respecto pudimos observar que el 61% de ellas ofrece contrato laboral a término indefinido, 23% contrato por obra o labor, 12% modalidad de contrato laboral a término fijo, y un 4% utiliza estos canales de oferta pero sus vacantes serán cubiertas con contratos de prestación de servicios. La imagen de entrada muestra además el resultado de la investigación, en función de los sectores económicos que más ofertas presentan al mercado. En los próximos días compartiré una nueva entrada en la que incluiré la información relacionada con los hallazgos específicos de las características y perfil de las ofertas exclusivamente en el rango salarial más alto, es decir, superiores a un salario mínimo integral vigente, es decir, cerca de COP$11 millones.

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